Invierno en la Hueta. En mi paraíso interior, oculto en los pliegues de la ultima glaciacion, el invierno nos da un latigazo helado. Las noches son limpias, las estrellas refulgen cristalinas. Por bucentaina a la hora de visperas monacal, se levanta parsimoniosa y metálica una luna grande como una hogaza. Canta a la luna el silencio, canta a la luna la noche gelida, el carabo en su observatorio del alto roble centenario. Huele a leña crepitando en la chimenea y la olla borbollonea al calor de las ascuas. Dentro de mi casa, calor y lectura, fuera frio invernal, noche.